El vino uruguayo

En los últimas dos décadas tuvo lugar una revolución en el vino. Con apoyo del estado se importaron nuevas cepas vitiviníferas, se profesionalizó el trabajo en viñedos y bodegas y el resultado está a la vista: los vinos uruguayos pelean, uva a uva, los puestos de honor en certámenes internacionales. Buenos vinos de mesa se ofrecen en el comercio por dos o tres dólares. Por cuatro o cinco dólares se puede aspirar a un vino de cierta clase. Ni hablemos de los precios más altos.

Las bodegas son muchas y existen por todo el país. Sin embargo, la mayoría se concentra en torno al mercado consumidor de Montevideo. Por los barrios de Colón, Melilla o Rincón del Cerro se encuentran las más famosas. Reciben visitantes. Cualquier operador turístico puede brindar informes, así como también, la Intendencia Municipal de Montevideo.

Una especialidad uruguaya es la variedad Tannat, con 130 años de cultivo en el país. Su sabor poco común ha conquistado espacios en mercados muy exigentes. En Uruguay también se produce vino ecológico, desde 2001, certificado según las normas de los Estados Unidos y también, las normas aún más exigentes de la Unión Europea. En la producción no se utilizan fertilizantes químicos, herbicidas, fungicidas o insecticidas, sino fertilizantes naturales de origen animal o vegetal. Todos los componentes del envase también tienen certificación de corrección ambiental. En los comercios se vende a poco más de seis dólares.

El método de producción da un resultado tan puro, que el vino no produce alteraciones en los niveles de glicemia de los diabéticos. Así lo certifican la Asociación Uruguaya de Diabéticos y su similar brasileña. Recientemente aprobó su consumo el congreso mundial de diabetología.

 

 

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